Consejos de nuestra psicóloga

Atención Temprana: lo que como papás necesitamos saber

1. ¿De qué hablamos cuando hablamos de atención temprana?

¿Alguna vez te preguntaste si tu hijo o hija está desarrollando sus habilidades al ritmo esperado? ¿Te ha surgido la duda de si lo que observas en casa es “normal” o si vale la pena consultar con algún especialista? Esta es de las preguntas más frecuentes que nos hacemos quienes acompañamos a niños pequeños.

Hoy en día escuchamos cada vez más hablar de terapias, derivaciones y evaluaciones desde edades muy tempranas, y muchas veces eso genera más preguntas que respuestas: ¿realmente es lo necesita mi hijo? ¿No es muy chico todavía? ¿Si lo llevo a un especialista, quiere decir que algo está “mal”? Para abordarlas, es necesario abordar qué es la atención temprana y por qué puede marcar una diferencia real en el desarrollo de nuestros hijos.

La atención temprana se refiere a un conjunto de intervenciones dirigidas a niños que presentan desafíos en su desarrollo o que se encuentran en riesgo de presentarlos durante los primeros años de vida. Está orientada a niños y niñas entre los 0 y los 6 años, considerando una etapa en la que en el desarrollo ocurren cambios a gran velocidad y en la que el cerebro presenta una mayor capacidad de adaptación y aprendizaje. Por esta razón, brindar apoyos oportunos durante estos años puede generar un impacto positivo muy significativo en el desarrollo futuro de nuestros niños.

La atención temprana busca favorecer el desarrollo integral, abordando distintas áreas como el desarrollo motor, la comunicación, el juego, las habilidades sociales, la regulación emocional y la autonomía. Para lograrlo, es fundamental considerar a cada niño dentro de los distintos contextos en los que se desenvuelve, reconociendo que cada uno es único y que los apoyos deben adaptarse a sus necesidades, características y entorno.

Este trabajo se realiza a través de un enfoque interdisciplinario, en el que distintos profesionales aportan su mirada para potenciar el desarrollo infantil. Entre ellos están: terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicólogos, etc., conformando un equipo que acompaña al niño y su familia de manera integral durante la primera infancia.

2. ¿Por qué importa tanto intervenir en estos primeros años?

Una de las preguntas que más nos hacemos los papás cuando nos sugieren consultar con un especialista es: ¿realmente es urgente? ¿No podemos esperar a ver cómo evoluciona? La respuesta, desde la ciencia, es clara: los primeros años de vida son una ventana de oportunidad única. No porque después sea imposible avanzar, sino porque el cerebro de nuestros hijos e hijas nunca volverá a tener tanta capacidad de adaptación como en esta etapa.

Esto se explica por dos conceptos clave. El primero es el neurodesarrollo, que hace referencia a los primeros años de vida, donde el cerebro crece y cambia con una velocidad impresionante y el sistema nervioso se organiza para responder cada vez mejor a las demandas del entorno. El segundo concepto es el de la neuroplasticidad: la capacidad que tiene el sistema nervioso para adaptarse, reorganizarse y crear nuevas conexiones a partir de las experiencias, que durante la infancia, esta capacidad es especialmente alta.

Por eso, la atención temprana cobra un rol tan importante: intervenir a tiempo no significa apresurar el desarrollo de nuestros hijos, sino ofrecerles las condiciones necesarias para que cada uno pueda alcanzar su máximo potencial.

3. ¿Qué señales podemos observar en casa y en el colegio?

Como educadores o papás, somos los primeros que notamos cuando algo cambia o cuando algo no parece del todo bien. No se trata de preocuparnos por cada pequeño tropiezo, ya que sabemos que cada niño avanza a su propio ritmo. Sin embargo, sí hay ciertas señales que vale la pena observar con más atención tanto en el día a día en casa como en el contexto del colegio o jardín.

Algunas de estas señales son: dificultades para manipular objetos o realizar tareas de motricidad fina (como abrochar botones, tomar el lápiz o recortar), torpeza motora marcada al compararlo con otros niños de su edad (caídas y/o choques frecuentes, baja coordinación y control postural, desafíos en educación física, etc.), baja tolerancia a la frustración ante situaciones cotidianas, dificultades para relacionarse o jugar con otros niños, rechazo intenso a ciertos estímulos como ruidos, texturas o movimiento, o dificultades para participar en actividades propias de su etapa. Para tener claridad en cuanto a estas señales, es fundamental contar con la orientación del jardín infantil o colegio, cómo también de los profesionales.

4. El colegio y el jardín infantil: aliados en la detección temprana

Nuestros hijos pasan una parte importante de su día en el colegio o jardín infantil, lo que le da a los profesores y equipos de apoyo un lugar privilegiado para observar cómo juegan, se comunican, se mueven y regulan sus emociones. Es una mirada complementaria a la nuestra como familia, y por eso es tan valiosa.

Cuando desde el colegio nos sugieren consultar con un especialista, es normal que surjan emociones como sorpresa o resistencia. Pero es importante confiar en esa mirada: quienes acompañan a nuestros hijos todos los días conocen bien el desarrollo esperado para cada etapa, y cuando señalan algo, lo hacen desde el interés genuino por su bienestar.

El trabajo colaborativo entre la familia, el colegio y los especialistas es clave para compartir información, construir estrategias comunes y acompañar el desarrollo desde todos los contextos en los que nuestros hijos se desenvuelven.

5. Observar, confiar y acompañar: nuestro rol como papás

Como papás, no necesitamos tener todas las respuestas. Sí podemos observar con atención, confiar en nuestra intuición y no tener miedo de consultar cuando algo nos genera dudas. Pedir apoyo a tiempo no es exageración: es estar atentos y acompañar a nuestros hijos de la mejor manera.

La atención temprana busca potenciar las habilidades de cada niño desde sus primeros años, reconociendo que cada uno es único y sigue su propio ritmo. Cuando la familia, el colegio y los profesionales acompañan ese desarrollo de manera conjunta, se crean las condiciones para que cada niño pueda crecer, aprender y participar plenamente. Y en eso, nuestro rol como papás es fundamental.

 

Augusta Fernández G; Terapeuta Ocupacional.